El presidente de Estados Unidos firmó una orden ejecutiva destinada a facilitar el estudio científico de sustancias psicodélicas, algunas de las cuales sugieren un potencial efecto antidepresivo, particularmente para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT) en veteranos estadounidenses. El objetivo principal es permitir que la FDA acelere la revisión de estas moléculas para evaluar con mayor rapidez su eficacia y seguridad.
En Estados Unidos, estas sustancias generalmente permanecen prohibidas o estrictamente controladas debido a su clasificación como adictivas. Esta clasificación limita considerablemente la investigación clínica. Por lo tanto, la orden ejecutiva busca eliminar ciertos obstáculos legales para permitir que investigadores, médicos y clínicos realicen estudios más exhaustivos y, si los resultados lo justifican, desarrollen protocolos terapéuticos estructurados.
Entre las sustancias mencionadas se encuentra la ibogaína, un alcaloide extraído de un arbusto originario del África ecuatorial. Según testimonios recogidos en el anuncio, algunos pacientes han observado una reducción significativa de sus síntomas de depresión y ansiedad tras un mes de uso. Sin embargo, el texto señala que esta molécula conlleva riesgos, en particular riesgos cardíacos, lo que hace necesaria una investigación exhaustiva para evaluar su relación beneficio-riesgo.
Frank Verain
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