El eccema, que afecta a 2,5 millones de personas en Francia, causa picazón, manchas rojas y trastornos del sueño. Esta afección crónica se debe a una disfunción del sistema inmunitario y a un debilitamiento de la barrera cutánea.
Los corticosteroides tópicos siguen siendo el tratamiento principal, a pesar de las preocupaciones comunes de los pacientes y las limitaciones en su uso. Las alternativas sin corticosteroides, útiles principalmente para el rostro, pueden causar irritación y no siempre están cubiertas por el seguro médico.
Si estos tratamientos no funcionan, la ciclosporina, un inmunosupresor oral, actúa rápidamente, pero causa numerosos efectos secundarios y requiere una estrecha monitorización. Los dermatólogos esperan sustituirla con mayor frecuencia por tratamientos mejor tolerados.
Las terapias biológicas, inyectadas cada dos semanas, actúan específicamente sobre ciertas proteínas inflamatorias. Permiten que aproximadamente la mitad de los pacientes reduzcan significativamente sus síntomas, pero pueden causar efectos secundarios oculares o un empeoramiento localizado del eccema.
Los inhibidores de JAK, en forma de comprimidos, bloquean la transmisión de señales inflamatorias. Si bien son más eficaces, se toleran peor, aumentan el riesgo de infección y están contraindicados en varias situaciones (tabaquismo, embarazo, antecedentes cardiovasculares o cáncer).
A pesar de estas limitaciones, los especialistas creen que se está produciendo un rápido progreso, lo que genera esperanzas de tratamientos personalizados. A largo plazo, la investigación incluso apunta a restablecer el sistema inmunitario para curar el eccema.
Sophie de Duiéry
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